El fin de Sodoma

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Autor

Editorial

ISBN

9791399005264

EAN

Fecha de edición

30/03/2025

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Resumen

El fin de Sodoma HERMANN SUDERMAN APEIRON EDICIONES – Hermann Sudermann (1857- 1928) fue un escritor alemán de enorme éxito especialmente a finales del siglo XX gracias a novelas como Frau Sorge (1887) y Der Katzensteg (1890) y, sobre todo, a obras teatrales como Die Ehre (1889), Sodom’s Ende (1890), Heimat (1893) o Das Glück im Winkel (1895). El estilo naturalista de Sudermann está alejado del radicalismo experimental de autores como Arno Holz y Johannes Schlaf, así como del decidido compromiso político de Die Weber, de Gerhart Hauptmann. Aunque su atención a las expectativas y su aproximación al gusto del público le granjeó críticas, estas poco o nada tienen que ver con la maestría que demuestra Sudermann en el uso de las técnicas narrativas, en especial la que el compositor Hugo Wolf, en una carta del 19.1.1897, describe muy certeramente como «técnica de acumular material explosivo». Es el segundo drama de Hermann Sudermann (1857-1928), representado en 1891 en la «Freie Bühne» de Berlín. Con evidente influencia ibseniana, Sudermann quiso re­presentar la decadencia y la inmoralidad del mundo burgués. Willy Janikow, un jo­ven pintor de talento, ha obtenido el pri­mer premio en la exposición internacional de Bruselas con el cuadro El fin de Sodoma, que ha sido adquirido por Adah Barczinovsky, una mundana frívola y corrompida, cuyo salón es el lugar de reunión de los «snobs» berlineses. Willy Janikow, conver­tido en amante de Adah, cae al mismo ni­vel de los demás concurrentes de la casa. Y mientras su cuadro — una orgía de car­ne: mujeres y hombres semidesnudos con el fondo de la ciudad en llamas — triunfa en la pared central del salón, símbolo de la «molicie burguesa» de los barrios ele­gantes de «Berlin West», Willy se ve obli­gado a dibujar trajes para fiestas y a or­ganizar cuadrillas de danza. Pero he aquí que, de improviso, se presenta ante Willy un antiguo compañero de estudios, Riemann, al que no veía desde hacía ocho años: la imagen de su vida humilde y la­boriosa despierta en Willy la nostalgia de una existencia más pura.


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